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En este post analizamos nuestra opinión respecto a hobbies que se empiezan de niño o joven y se practican el resto de la vida.

Es conocido que cierto tipo de habilidades o conocimiento que se adquieren en la infancia, permanecen para toda la vida, tanto si se practican como si no.  Son actividades «semiautomáticas», que el cerebro ha incorporado a sus circuitos «inconscientes», como por ejemplo nadar o montar en bicicleta.  También es sabido que en la infancia es más fácil aprender y se absorben con menos esfuerzo habilidades y conocimientos. Un ejemplo  evidente son los niños con padres de distintos idiomas, que aprenden ambos con sorprendente facilidad.   Por último, en ocasiones, no sólo se aprenden rutinas sino que, a nivel emocional, se pueden adquirir hábitos o incluso pasiones.  Un ejemplo de ello puede ser la unión  emocional del hijo al equipo deportivo que siguen los padres, aunque, lógicamente, no siempre ocurre así.

Por otro lado cada persona nace con unas habilidades especiales para algo, que a veces se descubren y se desarrollan y otras permanecen ocultas, en parte o por toda la vida.  El aprovechamiento de estas habilidades naturales en un niño es una tarea a veces complicada, ya que pueden no ser nada evidentes.  Pero hay ejemplos de un aprovechamiento intenso, profesional,  de dichas cualidades, como ocurre en deportistas o artistas de élite que se inician en edades muy tempranas.

En el caso del hobby hay que mantener el equilibrio necesario para aprender algo que es básicamente placentero, aunque requiera un cierto esfuerzo inicial.  En principio la responsabilidad respecto a la inducción hacia un hobby u otro recae sobre los padres o familiares, pero también sobre los profesores.  En este sentido los colegios o institutos deberían prestar atención a este aspecto-los hobbies y aficiones-mayor de lo que habitualmente hacen.  Tampoco hay que olvidar que, al igual que sería deseable disponer de igualdad de oportunidades para aprender asignaturas, posiblemente debería haberla para aprender hobbies o aficiones.

Al margen de la importancia que pueda tener lo anterior en el desarrollo  profesional, hay que valorar el peso que puede tener la huella infantil en el desarrollo de una o varias aficiones.  Una afición que el niño  ha aprendido a realizar y a apreciar puede tener un valor mayor de lo esperado. No es raro el caso de personas con una vida sin tiempo libre para practicar ningún hobby y que en un momento dado, por motivos diversos, incluida la jubilación, se encuentran con muchas horas libres al día.  En esa circunstancia puede aprender uno o varios hobbies a partir de cero.   Pero, no es raro que prefiera retomar un hobby que practicó  en su infancia y juventud, cuyo aprendizaje sólo requiere un repaso y puesta al día.

Por último, comentar que para que un hobby pueda practicarse toda la vida, incluida la edad madura, no debe tener excesivas exigencias físicas, ya que, a partir de ciertas edades, suelen existir ciertas limitaciones para esfuerzos muy intensos o difíciles.

En resumen, los padres y educadores deberían tener muy en cuenta la importancia futura de que el niño aprenda algún hobby adecuado a sus capacidades e intereses, con vistas a un futuro que puede durar toda la vida.

Photo by Josh Applegate on Unsplash

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